Centro

He tenido momentos en que pierdo mi centro. Muchas cosas marean y sacuden fuerte y te van distrayendo hasta dejar de sostenerte de la raíz.

Pero aun cuando lo he soltado, siempre nos hemos encontrado de nuevo. 

Tengo claro que estamos empujando cosas para cambiarlas. Pero en ese cambio llegan momentos en que los caminos se ven lejanos y a veces sin rastro para seguirlos; solamente queda hacer caminos nuevos y confiar que el propósito de todo tiene un sentido mayor que justifica todo ese trayecto.

Muchas veces me vuelvo explorador, amarrando la soga fuerte a mi árbol para no perderme en bosques urbanos. Sobran susurros al oído para extraviarte, para que pierdas el equilibrio y muchas veces hasta el rumbo en lo cotidiano y lo excepcional, en lo que apasiona y en lo que decepciona y tantas veces te llevan por donde no esperabas, pero donde tienes que estar.

Curiosamente mi centro no siempre es el mismo, cambia de formas y lugares, pero al final del día, como si solo se tratara de un desfile de disfraces, la esencia real de ese centro siempre es la misma.

Y en este camino trato incansablemente de ser persona, de no olvidar eso en el concepto general, en el concepto colosal, porque generalmente con ese intento me alcanza. Ya lograrlo es un suceso mayor.